Hoy en The Korner entrevistamos a Lydia Alonso, experta en producción técnica y artística, tour manager, artists liaison.
En esta entrevista comparte qué aporta el talento local cuando llega una gran producción internacional, cómo se gestiona la coordinación cuando todo ocurre en tiempo real y cuáles son las tres competencias que el sector necesita y que ninguna formación enseña todavía.
¿Quién es Lydia Alonso?
Lydia Alonso es profesional freelance especializada en producción de eventos y espectáculos, con más de 18 años de experiencia en proyectos nacionales e internacionales. A lo largo de su trayectoria ha participado en giras musicales, grandes conciertos, eventos institucionales y producciones de alta complejidad logística. Su trabajo se centra en la coordinación de equipos, la gestión operativa y la atención a artistas y stakeholders clave. Destaca por su capacidad de adaptación, resolución de incidencias y visión global de la producción, siempre orientada a garantizar que cada evento se desarrolle con éxito.
Llevas más de 18 años como freelance en producción de eventos y espectáculos. ¿Qué ha cambiado más en la forma de trabajar en este tiempo, y qué sigue siendo igual?
Lo que más ha cambiado es la profesionalización de los procesos y el uso de la tecnología. Hoy trabajamos con herramientas que permiten una coordinación mucho más rápida y precisa entre equipos, incluso cuando están repartidos por distintos países. También ha aumentado el nivel de exigencia en aspectos como la seguridad, la sostenibilidad y la experiencia del público.
Sin embargo, hay algo que sigue siendo exactamente igual: las personas. La confianza entre equipos, la comunicación clara y la capacidad de reaccionar ante imprevistos continúan siendo la base de cualquier producción. Por mucha tecnología que exista, los eventos siguen dependiendo de profesionales capaces de tomar decisiones rápidas y trabajar bajo presión.
Has trabajado en producciones tan distintas como los conciertos de Bad Bunny con Live Nation, la gira de Rosalía o el evento por la visita del Papa León XVI en Barcelona. ¿Qué es lo que cambia radicalmente de una producción a otra y qué es lo que, sin importar el contexto, siempre se repite?
Cada producción tiene objetivos, públicos y necesidades completamente diferentes. En una gira internacional el foco puede estar en la precisión técnica, artistica y el cumplimiento de estándares globales, mientras que en un evento institucional o multitudinario entran en juego factores como el protocolo, la seguridad o la coordinación con administraciones públicas.
Lo que siempre se repite es la necesidad de planificación, anticipación y trabajo en equipo. Independientemente del tamaño o la naturaleza del evento, siempre hay que coordinar a muchas personas para que todo ocurra en el momento adecuado. Al final, la producción consiste en convertir una enorme cantidad de piezas en una única experiencia coherente.
Una gira de Bad Bunny con Live Nation es una maquinaria muy rodada, con protocolos internacionales, riders técnicos exigentes y equipos acostumbrados a trabajar juntos. ¿Cómo se integra un freelance en esa estructura?
La clave está en llegar preparada y entender que formas parte de una estructura mucho más grande. Una freelance debe ser capaz de adaptarse rápidamente a los procedimientos establecidos, comprender la dinámica de trabajo del equipo y aportar soluciones sin generar fricción.
También es fundamental escuchar, observar y entender cuáles son las prioridades de cada departamento. Cuando demuestras profesionalidad, capacidad de respuesta y conocimiento del entorno local, la integración suele ser muy natural. En este tipo de producciones, la confianza se gana a través de la eficiencia y la fiabilidad.
Las grandes producciones internacionales llegan a España con sus propios equipos, sus propios protocolos y su propia forma de trabajar. ¿Qué aporta el talento local de producción en ese contexto?
El conocimiento del territorio es una aportación fundamental. Los profesionales locales conocemos la normativa, los proveedores, los espacios, las dinámicas de trabajo y muchos aspectos operativos que pueden marcar la diferencia entre una producción fluida y una llena de obstáculos.
Además, actuamos como un puente entre la visión internacional del proyecto y la realidad local. Esa capacidad para interpretar necesidades, anticipar problemas y encontrar soluciones adaptadas al contexto es un valor que los equipos internacionales suelen apreciar mucho. El éxito de una producción internacional depende también de la experiencia y el criterio del equipo local.
El rol de artist liaison es uno de los menos visibles para el público general pero de los más críticos en la cadena de producción. ¿Cómo describirías tu trabajo a alguien que no tiene ni idea de lo que ocurre entre bastidores?
Suelo decir que somos el punto de conexión entre el artista y toda la estructura del evento. Nuestro trabajo consiste en garantizar que las necesidades del artista estén cubiertas y que toda la información fluya correctamente entre las distintas áreas de producción.
Eso implica coordinar horarios, desplazamientos, acreditaciones, camerinos, hospitalidad y resolver cualquier incidencia que pueda surgir. Muchas veces trabajamos para que nada llame la atención, porque cuando todo funciona correctamente es precisamente porque alguien se ha ocupado de que cada detalle esté controlado. Es un rol basado en la confianza, la organización y la capacidad de reacción.
El evento del Papa es un caso especial: multitudinario, con implicaciones protocolarias, de seguridad y logísticas que van mucho más allá de lo habitual en el sector de los eventos. ¿Qué aprendes de una producción así que no puedes aprender en ningún otro contexto?
Aprendes el valor de la coordinación a gran escala. En este tipo de eventos participan instituciones, cuerpos de seguridad, organizaciones religiosas, equipos técnicos y miles de asistentes, todos con objetivos y necesidades diferentes.
También desarrollas una visión mucho más amplia del riesgo y la planificación. Cada decisión tiene implicaciones que afectan a múltiples áreas, por lo que la capacidad de anticipación se vuelve esencial. Son producciones que te enseñan a pensar en términos de sistema completo y a entender que el éxito depende de la colaboración de muchísimas personas trabajando al mismo tiempo.
En entornos de alta intensidad, un macro concierto o un evento multitudinario con múltiples stakeholders, ¿cuáles son los puntos de fricción más frecuentes entre equipos? ¿Cómo se gestiona la coordinación cuando todo tiene que ocurrir en tiempo real?
Los principales puntos de fricción suelen surgir por cambios de última hora, diferencias de prioridades entre departamentos o problemas de comunicación. Cuando intervienen muchos equipos, es normal que existan visiones distintas sobre cómo resolver una situación.
La mejor forma de gestionarlo es estableciendo canales de comunicación claros y definiendo responsabilidades desde el principio. Durante el evento, la coordinación en tiempo real exige información precisa, capacidad de decisión y mucha confianza entre los profesionales implicados. En momentos de presión, una comunicación clara suele ser la herramienta más valiosa de toda la producción.
Si tuvieras que señalar tres competencias que todo profesional de producción debería desarrollar, y que raramente se enseñan en ninguna formación, ¿cuáles serían?
La primera es la capacidad de mantener la calma bajo presión. En producción siempre ocurren imprevistos y la forma en que reaccionas influye directamente en el resultado final.
La segunda es la inteligencia relacional. Saber comunicarte con perfiles muy diferentes, generar confianza y gestionar expectativas es tan importante como cualquier conocimiento técnico.
Y la tercera sería la capacidad de anticipación. Los mejores profesionales no son quienes solucionan más problemas, sino quienes consiguen preverlos antes de que aparezcan. Esa visión práctica y estratégica suele adquirirse con la experiencia sobre el terreno y es una de las habilidades más valiosas del sector.
