Los centros de convenciones, congresos y recintos feriales, ¿son realmente rentables?
Para algunos son esas enormes “catedrales de conferencias” y para otros, pozos sin fondo que devoran presupuestos. En España, donde nos encanta ser anfitriones, también nos hemos sumado a la tendencia de renovar y construir estos espacios. Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿vale la pena? Vamos a intentar resolverlo.
Inversiones millonarias en escenarios a gran escala
Las ciudades españolas no se quieren quedar atrás en esta carrera, así que están sacando la cartera. Madrid, por ejemplo, ha puesto su granito de oro en IFEMA, un recinto ferial que ya es un “peso pesado” en el ámbito de los eventos globales.
No muy lejos, Barcelona, con su Centro de Convenciones Internacional (CCIB), y Málaga, con su Palacio de Congresos, están subiendo la apuesta para atraer grandes encuentros que les dejen un buen pellizco económico por recibir el próximo evento del año, lo ven como una versión estratégica.
Mucho más que ladrillos: el impacto económico real
Entonces, ¿qué pasa cuando un evento grande llega a la ciudad? ¡Bingo! No solo se llenan las conferencias, sino que se dispara toda una cadena de consumo local. Hoteles, restaurantes, taxis… todos se llevan un trozo del pastel. Además, cuando se celebran estos grandes eventos, el flujo de visitantes y el consumo que generan son un empujón para la economía que todos los sectores locales agradecen.
Aunque los viajes de trabajo dieron un bajón con la pandemia, el sector está recuperando el ritmo, y se espera que los próximos años aumenten aún más.
Las ciudades que han invertido en estos centros de convenciones apuestan a que les ayudará a competir con otras capitales para atraer a ese turismo de eventos corporativos, que es serio y gasta bien.
Son versátiles en tiempos de crisis
¿Y qué pasa cuando no hay eventos? Pues que estos centros pueden transformarse en superhéroes para momentos de crisis. Durante la pandemia, IFEMA de Madrid se convirtió en un hospital temporal y, más tarde, en un centro de vacunación.
Estos edificios, cuando toca, saben transformarse y ser lo que la ciudad necesite, lo que demuestra que también son recursos valiosos para emergencias. Así, cuando la situación se pone difícil, los centros de convenciones están listos para echar una mano a la comunidad.
¿Es realmente oro todo lo que reluce?
Claro que no todo es de color de rosa.
La industria de eventos ha cambiado, las empresas están recortando presupuestos y las asistencias a los congresos no son lo que solían ser. Además, los centros de convenciones deben adaptarse a estándares de sostenibilidad que cada vez son más exigentes, desde reducir su huella de carbono hasta garantizar prácticas más ecológicas en su día a día. No es solo una cuestión de hacer edificios bonitos, sino de hacerlos eficientes y responsables con el planeta.
¿Valen la pena?
A pesar de los desafíos, las ciudades apuestan por ellos a tope. Un centro de convenciones moderno es una carta de presentación, una invitación al mundo para decir: “Aquí hay espacio para grandes ideas y grandes encuentros”. Y en España, las ciudades buscan atraer eventos no solo en sectores de siempre, sino también en áreas de vanguardia como la tecnología y la IA. Este tipo de eventos no solo traen visitantes, sino también prestigio y oportunidad de colaboración.
Más que edificios, son una estrategia con visión de futuro
Al final, los centros de convenciones son mucho más que un montón de ladrillos y salas de reuniones: son motores económicos, símbolos de modernidad y hasta centros de ayuda en tiempos difíciles. En el caso de España, la apuesta por estos espacios se orienta hacia un futuro innovador, sostenible y lleno de posibilidades. Y aunque no sean la respuesta a todos los problemas, tienen el potencial de poner a nuestras ciudades en el mapa y abrir las puertas a un mundo lleno de oportunidades.
Fuente: Skift Meetings


