a

CONTACTO

a

The k-news

Eventos sin desperdicio: del exceso al control total

29 de abril de 2026

Eventos sin desperdicio: del exceso al control total. Así es la nueva ley de catering en España.

 

Un evento termina. Las fotos están hechas. Los stories, publicados. Pero hay una imagen que no se sube a redes: bandejas llenas de comida que acaban en la basura.

Durante años, fue normal. Incluso inevitable. Desde abril de este año, ya no.

 

Desde el 1 de abril, el sector de los eventos – y especialmente el catering – ya no puede mirar hacia otro lado. La nueva ley contra el desperdicio alimentario – que ya se ha estado aplicando de forma progresiva – obliga a cambiar cómo se diseñan los eventos: desde lo que se produce hasta lo que se hace con lo que sobra.

Planes de prevención, donación de excedentes, cambios en el servicio. Todo cuenta. Todo se mide.

Una nueva ley pone al sector del catering frente a un cambio de paradigma: lo que sobra importa. Y mucho. Porque en la nueva era de los eventos, el lujo no está en la abundancia, está en la precisión, en que no sobre nada. Detrás de este cambio hay una normativa que obliga a las empresas de toda España a tomarse en serio algo que hasta ahora quedaba en segundo plano: evitar que la comida termine en la basura.

En la práctica, esto se traduce en algo muy concreto: planificar mejor. Ajustar cantidades, repensar buffets y, sobre todo, tener claro qué hacer con lo que sobra, desde donarlo hasta reutilizarlo de forma responsable.

“Se está aprendiendo a diseñar con criterio, dejando atrás la idea de que más es mejor, para centrarse en que todo tenga sentido” explica Casandra Mansilla, Directora General de la agencia Tower Bridge. Para el sector del catering no es solo un trámite más: implica cambiar la forma de trabajar desde el minuto uno, anticiparse mejor a la asistencia real y coordinarse con otros actores del evento.

 

¿El resultado? Menos margen para el exceso y más necesidad de precisión. Porque ya no se trata solo de que todo salga bien de cara al público. También tiene que funcionar cuando se apagan las luces.

El lujo ha cambiado: no queremos sobras

 

“Hemos pasado de diseñar eventos pensando en “que no falte” a diseñarlos para que encajen exactamente con el consumo previsto. Eso implica ajustar mucho más desde el inicio: tipo de público, duración, ritmo de servicio o incluso clima. Antes eran variables que afinaban el resultado; ahora son la base de la planificación”. Es un cambio de mentalidad, señala Francisco Calvo, Responsable de Marketing y Comunicación de Artigot Catering.

“Hay algo que a veces se olvida: producimos con base en asistentes confirmados. Cuando eso no se cumple, el margen de error aumenta. La asistencia también forma parte del equilibrio”, aclaran desde Artigot Catering, donde trabajan con históricos y variables, ya que todo impacta en el consumo.

Pensando en esta forma de trabajar, Nacho Herrero, Founder & Chief de la agencia Never Enough, destaca que hoy en día la integración de la reducción de desperdicios va de la mano con la narrativa de la marca.

“La sostenibilidad ya no puede ser un claim pegado al final. Tiene que estar en el ADN del evento. Para nosotros, es una oportunidad de storytelling: un evento que respeta recursos comunica valores de marca sin necesidad de decirlo explícitamente”.

El evento deja de ser un escaparate de exceso. Y pasa a ser una declaración de valores.

 

Lo que antes no se veía, ahora importa

 

Para Mansilla, el impacto es directo: “Los eventos son uno de los momentos en los que una marca se expone de forma más tangible. Cualquier incoherencia se percibe muy rápido”.

Cuando una empresa es capaz de trasladar sus valores a la experiencia, también en cómo gestiona los recursos, lo que construye es credibilidad. Y hoy, eso es uno de los activos más valiosos.

“Las agencias tienen un papel “pedagógico” con los clientes para potenciar la responsabilidad”, reconoce Mansilla.

Lejos de limitar, este nuevo contexto está activando nuevas formas de pensar los eventos.

“Las restricciones son un motor creativo”, resume Herrero. “Te obligan a buscar soluciones más inteligentes: formatos diferentes, ingredientes de temporada, colaboraciones locales o incluso experiencias donde el propio proceso de ‘cero desperdicio’ se convierte en contenido”.

Desde Artigot Catering coinciden: “Sorprender sigue siendo posible, pero exige más creatividad. Lo complejo es equilibrar la experiencia sin depender del exceso”.

El reto ya no es hacer más. Es hacer mejor.

 

Adaptarse ya no es una opción

 

“El evento deja de ser un escaparate para convertirse en una declaración de valores. Muchas marcas ya lo entienden”, señala Herrero. Pero el verdadero desafío está en mantener la experiencia sin que el asistente perciba el cambio.

“La experiencia debe seguir siendo igual de rica y fluida, aunque detrás haya una planificación mucho más ajustada”, plantea Calvo. “El asistente no debería percibir escasez, pero tampoco exceso innecesario. Hay que redefinir la abundancia”.

En Tower Bridge lo resumen así: cada elemento debe tener una intención clara. Cada decisión debe encajar en el recorrido del asistente. Porque el “wow” ya no está en el volumen, sino en el sentido.

 

Lo que no se ve también cuenta

 

Ya no es solo una cuestión de compromiso. No adaptarse tiene consecuencias. También económicas.

La normativa contempla sanciones para quienes no gestionen adecuadamente el desperdicio. Pero el impacto va más allá de la multa. Está cambiando la forma de entender los eventos. Si antes el éxito se medía en lo visible —la abundancia, el impacto, la puesta en escena—, ahora también se mide en lo que no queda al final.

En esas bandejas que ya no acaban en la basura. En esa imagen que, por fin, empieza a desaparecer.

Únete al Kolectivo

Recibe nuestra Newsletter cada semana y un comunicado mensual con contenido extendido.

Categorías

Archivos