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Así influye la arquitectura en la experiencia de un festival

24 de septiembre de 2026

Así influye la arquitectura en la experiencia de un festival

 

Accesos, orientación del sol, inclinación del terreno, barras… forman parte de una arquitectura efímera que acaba marcando la experiencia del público en un festival. Y cuanto más completa se vuelve la experiencia festivalera, más peso gana el diseño dentro de la producción.

 

Paso a paso

Cuando se proyecta un recinto, una de las primeras decisiones está en cómo acceder a él. Y no hablamos únicamente del público, el espacio también tiene que funcionar para el montaje y para la operativa durante los días del evento.

Álvaro Ruiz, Head of Architecture & 3D Design en 4foreverything, explica que la accesibilidad es precisamente uno de los primeros aspectos que se tienen en cuenta al empezar a diseñar un festival. 

A partir de ahí, la ubicación del escenario se convierte en otra de las decisiones clave, con dos factores especialmente importantes: la orientación del sol y la inclinación del terreno. Dos detalles que parecen pequeños, pero tienen bastante impacto: mejoran la visibilidad y hasta permiten usar la propia estructura para dar sombra al público.

 

Diseñar lo que pasa alrededor de la música

El sonido sigue siendo lo principal. Pero el recinto ya no funciona únicamente como el lugar en el que se coloca un escenario.

Pórticos de entrada, estructuras decoradas, iluminación o elementos pensados para generar una primera impresión empiezan a construir la experiencia incluso antes de llegar al concierto. Algunos pueden convertirse además en photo opportunities y formar parte del contenido que el propio asistente genera durante el evento. Lo instagrameable siempre es un plus.

La lógica se extiende al resto del recinto. Puntos de encuentro, zonas de descanso o incluso refugios climáticos pueden diseñarse para responder a necesidades concretas del público. 

 

Del recinto al feed

Las redes sociales han añadido otra capa al diseño. El asistente quiere escuchar música, pero también recorrer el espacio, encontrar elementos llamativos y generar contenido con ellos.

Eso está llevando a incorporar photocalls, estructuras visuales y zonas pensadas para fotografía y vídeo. El diseño físico empieza así a convivir con otra cuestión: cómo se verá ese espacio cuando el público lo lleve a sus redes.

No significa convertir cada metro cuadrado en un photocall. Significa entender que la experiencia presencial y su extensión digital cada vez están más conectadas.

 

Barras y baños: lo poco sexy que puede decidir la experiencia

Hay elementos que nunca son protagonistas, pero que pueden cargarse la experiencia si fallan.

Las barras y los baños necesitan estar bien ubicados, señalizados, atendidos y ser accesibles para que el servicio funcione con rapidez. En el caso de los aseos, contar con más unidades de las exigidas por normativa puede ayudar a garantizar una mejor experiencia para el público.

 

Diseñar un festival es pensar cómo se entra, cómo se recorre y cómo se vive. Cuando todo eso funciona, la arquitectura deja de ser solo estética y se convierte en una pieza más de la producción.

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