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Photocall, ¿es realmente necesario en todos los eventos?

2 de septiembre de 2025

Photocall, ¿es realmente necesario en todos los eventos?

Spoiler: No. No siempre.

En algún punto de los últimos 5 años, algo pasó. El photocall, aquel invento pensado para recibir a invitados VIP y dejar constancia de su asistencia, pasó de ser un recurso puntual a convertirse en el comodín de cualquier evento.

Lo peor es que muchas veces se utiliza sin un sentido real, sin conexión con la historia que la marca quiere contar, y sin aportar nada a la experiencia del asistente. Es como ponerle un filtro de Instagram a un plato vacío. Puedes adornarlo todo lo que quieras, pero sin contenido, no sirve para nada.

 

Cuando el formato se impone a la experiencia

El formato es un medio, no un fin. Por definición,  es un espacio diseñado para que los asistentes puedan tomarse fotos con él. Ahora se encuentra presente en bodas, cumpleaños, eventos corporativos, ferias, lanzamientos…entre otros.

Todo puede sumar si está bien integrado. Aporta personalidad, queda aesthetic, ofrece una experiencia para los usuarios y genera contenido para redes sociales. Pero cuando lo usamos sol porque «lo vimos en otro evento» o porque «queda bien» la experiencia se diluye.

El asistente lo nota: ese momento forzado, donde lo invitan a posar con un logo de fondo. O incluso lo rechaza automáticamente porque no le gusta el diseño y no desea posar o compartirlo. Por lo que no se produce engagement real. Tiene el efecto contrario, la idea de que la marca está más preocupada por la foto que por la vivencia.

 

El verano, época de oro… para los formatos metidos con calzador

Llega el calor y con él la season de las stories llenas de activaciones veraniegas: cócteles a las 12 del mediodía, sets tropicales en centros comerciales, photocalls de arena artificial, tablas de surf para posar a 500 km de la playa…A veces funcionan. Muchas veces no. Porque la activación solo tiene sentido dentro de una estrategia previamente trazada.

La obsesión por tener contenido instagrameable a cualquier precio ha convertido a algunos eventos en una sucesión de photo opportunities vacías. No es que la foto sea el problema, es que la foto no puede ser la única propuesta de valor.

 

Cómo saber si tu formato suma o sobra

Puedes preguntarte si tiene relación con el mensaje que quieres lanzar, si aporta valor a la experiencia del asistente o si genera interacción más allá de la foto. Por otro lado, una de las posibles funciones es si se recordará por lo vivido o por lo publicado.

Si tus respuestas han sido la mayoría no, quizás no deberías incluirlo para que te de vibes en el evento. No es una esquina improvisada sino un espacio diseñado y decorado en el que todos los elementos cumplen una función. Sin embargo, lo que era antes un signo de glamour y distinción, ahora es común.

 

Harta de ver stories de verano con activaciones sin sentido

Porque sí: es fácil dejarse llevar por el todo el mundo lo hace y llenar el evento de puntos instagrameables pensando que así se gana visibilidad. Pero la visibilidad sin conexión emocional es solo ruido.

La verdadera viralidad viene cuando la gente comparte algo porque lo sintió, no porque se lo pusieron delante con luces de neón. El reto para las marcas, agencias y productores es diseñar formatos que cuenten historias, que sumen a la experiencia y que, si acaban en redes, sea porque el público quiere compartirlo.

 

Así que recuerda. Es una herramienta poderosa pero la sobreexplotación visual a la que nos vemos sometido, puede hacer que este formato se vuelva en tu contra.

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