Bad Bunny hizo historia en el halftime de la Super Bowl
Cuando hablamos del halftime de la Super Bowl, hablamos de uno de los mayores retos de producción en directo del mundo. Este año, el show del puertorriqueño apostó por una puesta en escena donde la escenografía firmó un touchdown.
Escenografía diseñada para impresionar
El Levi’s Stadium se transformó con precisión milimétrica, convirtiéndose en múltiples ambientes en cuestión de minutos.
El concierto construyó un paisaje propio sobre el césped. Se emplearon cientos de bailarines, algunos caracterizados como arbustos y vegetación, creando un entorno dinámico inspirado en la naturaleza caribeña sin recurrir a deco artificial.
La escenografía también incluyó elementos culturales como una casa tradicional puertorriqueña (La Casita) integrada en el campo, que fue el foco del set.
Nada está puesto porque sí. Cada detalle añade narrativa y conecta con la comunidad latina.
Una casita llena de VIPs
El espectáculo fue como una alfombra roja:
- Lady Gaga y Ricky Martin subieron al escenario como artistas sorpresa, sumando diversidad musical al concierto.
- Además, en la casita estuvieron celebridades como Pedro Pascal, Jessica Alba, Cardi B, Karol G y Young Miko, integradas directamente en el storytelling.
Audiencia, impacto y contexto
El espectáculo lideró con cifras gigantescas:
- Fue visto por 135,4 millones de personas en todo el mundo, el halftime show más visto en la historia.
- Más allá de la audiencia, el impacto cultural fue real. El artista cantó en español y trasladó la identidad latina al prime time. Días después, Duolingo registró un 35% más de inscripciones para aprender español.
Una boda y símbolos presentes
El medio tiempo activó momentos como una boda en directo y escenas que daban protagonismo a la comunidad y la unión. Los guiños culturales, desde las piraguas hasta las referencias latinas bien integradas, funcionaron como pequeñas cápsulas visuales dentro de un show de gran formato.
Todo estaba medido: cada imagen acompañaba la música y reforzaba el mensaje del performance.
Bad Bunny elevó el listón de lo que esperamos de la Super Bowl. Convirtió trece minutos en un statement visual, cultural y técnico. La música sonó fuerte, pero la producción marcó el ritmo.


